sábado, 25 de febrero de 2017

En la mitad de mi vida (supongo)

Realmente me alegro que hayas alcanzado las metas que te propusiste en tu adolescencia. Puedes estar orgulloso. Veinte años de esfuerzo han merecido la pena y ya has llegado. Tocas la guitarra, escuchas rocanrol, tienes mujer e hijos, tienes un trabajo fijo, piso, coches y te puedes ir de vacaciones. Me alegro, de verdad.

Yo, sin embargo, aquí estoy. De todo aquello que quise ser no soy nada. Ni músico, ni profesor de filosofía, ni político revolucionario. Por el camino me despistaba con facilidad con cualquier estímulo que me llevase a aprender cosas nuevas, diferentes. Descubrí pasiones, dolores, resacas, alegrías efímeras, desenterré cadáveres, enterré otros, en fin, me dejé llevar por las emociones.
Elegí caminos sin pensar a dónde me llevaban. Oscuros las más de las veces pero, al final, siempre encontraba una luz casi celestial que me abría los ojos de tal modo que jamás comprenderás. No por que seas un adolescente de 40 años si no porque sólo en la penumbra de ciertas sendas se conoce a las personas, vives este efímero paso por la conciencia propia que llamamos vida y descubres que la única verdad radica en seguir aprendiendo y caminando.

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